6 de enero de 2009

¡Habla! Nixon



Recuerdo cuando leí por primera vez el libro "Todos los hombres del presidente", una joya del periodismo de investigación, acaso el primer libro que ejemplifica bien lo que es el periodismo muckrakers (rastrilladores). No obstante, por diversos motivos -entre ellos el tiempo y la dinámica de estudio- dejamos de lado otras circunstancias ocurridos después del caso Watergate.

El domingo pasado, la Revista Domingo, hizo una reseña sobre lo que ocurrió tres años después de la renuncia de Richard Nixon a la presidencia de Estados Unidos (1974), donde gracias a la astucia de un periodista poco conocido (en comparación con Woodward y Bernstein), David Frost, se le hizo varias entrevistas donde Nixon habló "lo que congresistas, fiscales y jueces querían que dijera (...) para enviarlo a la cárcel."

Paralelamente a la significancia de esta entrevista en la historia periodística, resalto también una declaración de Nixon acerca de lo que un gobernante debe estar dispuesto a realizar, básicamente lo que para él significaba la gobernabilidad.


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Cinco días después, luego de la oposición del director del FBI, Edgar Hoover, el plan se dejó de lado. No obstante, el plan aprobado por el presidente se incluyó como evidencia de abuso presidencial en la acusación que sustenta el juicio político a Nixon. ¿Diría que en ciertas circunstancias, como es en el caso del ‘Plan Huston’, el presidente puede decidir qué es lo mejor para el interés de la nación aunque esto implique hacer algo ilegal?

Richard Nixon, increíblemente, abrumado por la evidencia, respondió: “Bueno, cuando lo hace el presidente significa que no es ilegal”.

Frost insistió: “¿Por definición?”.

Nixon, en un tono de resignación, contestó: “Exactamente, exactamente”.
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Existe un libro que cuenta esta entrevista "Frost/Nixon. Behind the scenes of the Nixon Interviews" publicada en el año 1977. Asimismo se presume un película de este libro. El autor del guión es Peter Morgan. En palabras de Frost, "No es algo que uno hace todos los días".


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Revista Domingo 04-01-2008
Mira quién habla

Tres años después de renunciar a la presidencia por un escándalo político, Richard Nixon pretendió regresar por la puerta grande vendiéndole una entrevista a un periodista a quien creyó que revolcaría. Pero fue David Frost quien no solo revolcó, sino también sepultó al ex presidente estadounidense. Una película de inminente estreno recuerda el espisodio que el propio autor contó en un libro.

Por Ángel PáezDavid

Frost, un periodista inglés que no era precisamente conocido por grandes destapes sino por conducir programas de entretenimiento de la televisión, consiguió arrancar a Richard Nixon en una serie de entrevistas lo que congresistas, fiscales y jueces querían que dijera el ex presidente para enviarlo directamente a la cárcel. La historia ha regresado a las primeras planas debido a la película de Ron Howard, “Frost/Nixon”, que después de treinta años de ocurrido el incidente les recuerda a los hombres poderosos que nunca se debe subestimar a un periodista.

El 9 de agosto de 1974, acorralado por las evidencias que demostraban que encubrió a los protagonistas de la operación de espionaje al cuartel general del partido demócrata en el edificio Watergate, Nixon renunció a la presidencia de los Estados Unidos para evadir a la justicia. Poco después, el 8 de septiembre, su sucesor, Gerald Ford, le otorgó el perdón, cancelando la posibilidad de que Nixon se sentara en el banquillo de los acusados. Desde entonces, se refugió en su casa de campo y se curó en silencio, pero estaba al tanto de que la prensa estaba obsesionada con entrevistarlo, ya que desde su dimisión no había dicho nada.

Al año siguiente, David Frost se enteró por un amigo, un agente literario, de que Nixon estaba preparando su retorno que incluía la publicación de un libro de memorias con su versión sobre el caso Watergate. Frost le ofreció una entrevista de costa a costa sobre los temas que eligiera. Las negociaciones tardaron algunos años.

Creyendo que Frost era un inexperto en política, Nixon aceptó su oferta, y el 23 de marzo de 1977 comenzó a responder sus preguntas durante 29 horas en sesiones que se cumplieron en el transcurso de 12 días y en distintas semanas. El periodista le pagó 600 mil dólares y a cambio Nixon contestaría interrogantes sobre temas calientes, como las operaciones de espionaje a sus opositores políticos, el desastre de la guerra de Vietnam, el respaldo a la dictadura de Augusto Pinochet, que asesinaba y desaparecía a sus opositores, y, por supuesto, su papel en el caso Watergate. Nixon creyó que saldría airoso de la confrontación, que su figura política sería reivindicada y que eventualmente se le abriría la posibilidad de volver a la Casa Blanca.

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