31 de enero de 2009

Hablemos de Comunicación para el desarrollo 2


La comunicación, sostiene Martín Barbero, utilizado desde un fin difusionista empezó a desarrollarse desde un fenómeno sociopolítico y bajo un contexto económico-ideológico que empezaría con la Industrialización y alcanzaría su potenciación a fines de la “Guerra fría”, con la expansión del Capitalismo como Nuevo Orden Mundial.

“Ser naciones modernas significaría ser naciones desarrolladas”.

En consecuencia, las teorías que nos hablaban sobre la modernización se encargaban de demostrar que la industrialización y el despegue de la economía capitalista sería el motor del establecimiento de prácticas democráticas. Es decir, integrar a los marginados, educar a las analfabetas, proletarizar a los desclasados y establecer el civismo entre nuestras indiferentes o recelosas masas mestizas.

En 1958 el sociólogo Daniel Lerner del Instituto Tecnológico de Massachusetts, realizó un estudio sobre la extinción de la “sociedad tradicional” para dar paso a la “modernización” de ella. En dicho estudio se verificó la existencia de la estrecha correlación entre el desarrollo nacional y la comunicación social. Lerner propuso que las funciones de la comunicación en tal proceso debieron ser:

(1) crear nuevas aspiraciones;
(2) apuntalar el crecimiento del nuevo liderazgo para el cambio social;
(3) fomentar una mayor participación de los ciudadanos en las actividades de la sociedad y;
(4) enseñar a ellos “empatía”, la aptitud para “ponerse en el pellejo del prójimo”.


Entonces, la ‘Mass Communication Research’ generó un profundo optimismo acerca del papel que la comunicación desempeñaría en las acciones y planes de desarrollo.”, que en su mayoría fueron desde el ámbito informativo, persuasivo y difusionista. Los medios de comunicación se erigieron en un subsistema clave para generar el cambio social. La alegría era desbordante, se suponía que con esfuerzo, los medios de comunicación podrían convertirse en la mejor arma educadora.

En 1962 Everett Rogers, sociólogo rural de la Universidad de Michigan, divulgó su teoría de la difusión de innovaciones como motor de la modernización de la sociedad. Definió a la innovación como una idea percibida como nueva por un individuo y comunicada a los demás miembros de un sistema social.

Pero es en la década de los años 70 donde la comunicación para el desarrollo toma un concepto de carácter netamente social. Toda la concepción modernista que se tenía en los años 60 es reestructurada funcionalmente hacia Políticas Nacionales de Comunicación (PNC). Todas estas políticas de comunicación fueron desarrollas en el Informe McBride y, posteriormente se intentó crear un nuevo paradigma comunicativo sobre la base de un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC). La cuestión era simple, había que reformular todos los proyectos de comunicación en PNC, ya que la comunicación se estaba desviando de su concepción educadora y se estaba posicionando como medio económico y comercial.

Por estos años, en América Latina se empezaba a forjar una ola crítica sobre el sistema político y económico proveniente del capitalismo. Los partidos de izquierda cobraban mucha fuerza exigiendo a los gobiernos políticas de desarrollo equitativas y no marginales, de igual forma ocurrió en la comunicación. Habría que reestructuras sus principios conforme a los nuevos paradigmas políticos. (…) El nuevo paradigma de la comunicación asumió decididamente la defensa de la herencia cultural, enmarcada por los principios de la identidad nacional y la cultura popular, aunque se seguía utilizando a los medios de comunicación de masas como los entes ejecutores.

En esa búsqueda de redefinir el ¿para qué? de la comunicación, Ramiro Beltrán redefinía el concepto de desarrollo como un proceso dirigido de profundo y acelerado cambio sociopolítico que genere transformaciones sustanciales en la economía, la ecología y la cultura de un país a fin de favorecer el avance moral y material de la mayoría de la población del mismo en condiciones de dignidad, justicia y libertad.

En tanto, el comunicólogo paraguayo, Juan Díaz Bordenave, replanteó un modo de desarrollo diferente del emanado del capitalismo liberal y del comunismo estatal y proponer a nuestros pueblos un socialismo democrático de bases comunitarias, autogestionarias y participativas.

Finalmente en los años 80, todas estas inestabilidades sobre la búsqueda de PNC difusoras pasaron a crear un ambiente desilusionador. Todo lo creado y soñado en los años 60 y 70 –años de carga ideológica- quedaron en utopías y nostalgias. Y en este contexto las sociedades subdesarrolladas, y en especial las del ámbito rural, tomaron posesión de estas políticas ya no como carácter educativo y modernizador, sino mas bien, como un espacio de crítica hacia el sistema capitalista y populista.

“La tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto de Latinoamérica que había sido de 5.5 para el período de 1950 a 1980 se desplomó en 1982 hasta el nivel de -0.9% y el Producto per Cápita bajó en ese mismo año en más de 3%. Y la deuda externa, que en 1975 había sido de 67 billones de dólares saltó entonces a 300 billones e iría a llegar en 1989 a la colosal cifra de 416 mil millones de dólares. Entre el principio y el final del trágico decenio la participación de la región en el mercado internacional descendería del 7% al 4% y el volumen de la inversión extranjera lo haría del 12.3% al 5.8%.”

Es en este contexto donde hace su aparición la “comunicación alternativa” o también llamada “para el otro desarrollo” lo que permitió explorar el mundo de las culturas populares y conocer los espacios cotidianos y prácticas comunicativas existentes en la comunidad rural, y que anteriormente fueron ignoradas. Y que si bien funcionó muy bien como pequeño espacio de “darle voz al que no tiene voz”, permitiéndole que pudieran expresarse y ser protagonista, no generó la suficiente capacidad ni para articular propuestas de sociedad más globalizantes, ni para convertir a los movimientos populares en interlocutores del Estado, los gobiernos locales, o incluso, de otras organizaciones populares similares.

En conclusión, la historia de la “comunicación para el desarrollo”, nos demuestra que más que avances para el desarrollo, existen dudas y largos replanteamientos.

“Hemos pasado de sociedades aristocráticas a postmodernas sin haber pasado necesariamente por una modernidad desarrollada”.

En parte, muchos de estos errores, se deben porque se ha intentado desarrollar las PNC desde ámbitos netamente difusionista, informativas y poco comunicativas. Esto es un camino riesgoso, pues vuelve a colocar a la comunicación como un conjunto de instrumentos para el desarrollo desde su rol secundario. Se repliega a su naturaleza primigenia de “medio”. Ergo es evidente que la comunicación humana es marginada o poca comprendida por los ejecutores de la comunicación para el desarrollo, y esto incluye al Estado como ente obligado a construir desarrollo.

“Hoy mismo se podría editar un diario imprenta, con 500 ejemplares, y 8 páginas. Pero ¿valdría la pena? ¿De qué serviría?”

Es común tergiversar los términos información y comunicación. La información es sencillamente el contenido del mensaje, mientras que la comunicación es el proceso global.

“La aberrante reducción del fenómeno comunicación humana al fenómeno medios de comunicación, constituye un caso de perversión intencional de la razón, de tosco artificio ideológico; detrás de cada mesa de redacción, cámara, micrófono o consola de mando siempre hay otro que dice u ordena, se produce como en el pasado pretecnológico, un mensaje que fluye para que algo o alguien lo reciba” .

También queda claro que todos estos proyectos de comunicación para el desarrollo se elaboraron sobre políticas generalizadas y estandarizadas en sociedades heterogéneas. En sociedades pluriculturales y multiculturales, no se han podio eliminar tanta heterogeneidad que convive y roza constantemente, con riesgo de parcelarse.

Uno de los aspectos fundamentales a abordar, como dice la socióloga Roxana Cabello, son las formas específicas de comunicación que se dan a nivel local, ya sean éstas vehiculadas a través de tecnologías mediáticas o relacionadas con distintas formas de comunicación interpersonal o mediatizada.

Es preciso situar los proyectos sobre comunicación para el desarrollo, tomando como referencia muchos aspectos sociales que interfieren en la vida de los seres humanos. La comunicación debe hacerse propia, exclusiva y adaptable fomentando su capacitación para impulsar el uso de sus potencialidades dentro de una estrategia integral de desarrollo endógeno. Ergo cuando se implementa un proyecto, se está entonces contribuyendo a definir entre varios una relación, pero también un sentido del desarrollo, el que puede albergar diversas diferencias.

En toda acción de desarrollo se sitúa entonces relaciones intersubjetivas diversas y complejas. La comunicación para el desarrollo implica formular iniciativas donde se definan una interlocución entre sujetos con características homogéneas y heterogéneas a la vez, donde se establezcan los niveles de conducta y empatía social, así como los prejuicios existentes.

“Este modelo afirma pues la identidad cultural, la democratización y la participación como elementos centrales”.

Lo comunicativo es una dimensión básica de la vida y de las relaciones humanas. Siempre existen diferentes unos que, con distintas visiones del mundo e intereses, se vinculan con otro o varios otros. Por tanto, todo hecho de la vida y del desarrollo compromete a la subjetividad y la interacción entre varios.

En 1997 la Fundación Rockefeller, a través de su Departamento de Comunicación, desarrolló la “comunicación para el cambio social”, entendiendo por tal en principio un proceso de diálogo, privado y público, a través del cual los participantes deciden quiénes son, qué quieren y cómo pueden obtenerlo, donde las comunidades sean protagónicas de su propio desarrollo, donde la comunicación es más que el sinónimo de persuasión; sino primordialmente un mecanismo de diálogo horizontal e intercambio participativo.

Finalmente, la comunicación para el desarrollo continúa elaborándose bajo iniciativas individuales –ONG`s en muchos casos- pero pobremente entendidas y asimiladas en PNC de Estado, que hoy en día sólo incluyen a los medios de comunicación y que excluyen o entienden poco de las relaciones interpersonales en la comunicación.

“Desde hace años se percibe – en la comunicación- una corriente de diversas rutas que se aleja de la política (despolitización) y de la democracia, diferenciándola del desarrollo, como si fuesen gestiones de diverso tipo. Así el compromiso de construir ciudadanía desde la comunicación se toma en cuenta con mucha debilidad”.

Lo importante es tener presente que en la comunicación para el desarrollo más que difundir planes se debe apuntar a reforzar los procesos en los que éstos se elaboran.


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