26 de abril de 2010

ENTRE LIBROS E INTERFACES

Publicado en Boletín Enlace Virtual N°7

Año 2050. La primera potencia mundial, el Gobierno comunista de China acaba de donar al Estado Peruano una dotación de 5 millones de iBook y Kindle, a fin de acercar cada día más a los niños y jóvenes a la lectura. Esta millonario donación incluye un pack de doscientos ebook de literatura, matemática, ciencias sociales y ciencias biológicas. Un representante del Gobierno señaló que la medida disminuirá la brecha de analfabetismo que hay en el Perú. Sin embargo, lamentó que hoy en día sea casi imposible conseguir un libro de papel a precio de mercado.

Señor lector, usted comprenderá que la fuerza de este artículo no descansa en la futurología como charlatanería, sino como un intento de comprender lo que podría suceder en algunos años. Sin duda, cada minuto que transcurre es un tiempo marcado por revoluciones tecnológicas, por cambios permanentes que no hacen más que reconfigurar el futuro de la adaptación humana. En ese sentido, las hipótesis escabrosas que circulan por la Web sobre el fin de los antiguos medios de comunicación -los libros, por ejemplo-, no hacen más que polarizar el tema y exacerbar nuestros sentimientos más profundos.

¿Desaparecerán los libros? Pues la realidad demuestra que sí, pero también demuestra todo lo contrario. Me explico. Sabemos que la vida no es eterna. El hombre no es un ser eterno. Lo que ayer existió, hoy en día, probablemente, ya no exista o, tal vez, se reconfigure. Si ayer fue el papiro, hoy es el libro de Gutenberg, y paralelamente, el libro digital.

Con mucha razón, Carlos Scolari, experto en comunicación digital, señala lo siguiente: “Que el soporte material desaparezca no significa que la escritura o las prácticas de lectura mueran ni que sus interfaces pasen a mejor vida”. Las personas no dejarán de leer por el simple hecho de hacerlo en arcilla, papiro, papel o interface gráfica.

Sin embargo, y para alegría de muchos –incluyéndome-, no deberíamos afirmar “malosamente” que los libros van a desaparecer en su totalidad, por lo menos, no durante los 50 próximos años. La economía del conocimiento trae como consigna la innovación y el destaque del valor por encima de cualquier cosa. Probablemente, enciclopedias y diccionarios se extinguirán en corto tiempo, pero los libros especializados permanecerán con su tiraje regular, ni mucho, ni poco. Esto debido a que el comprador de tales libros ya se encuentra definido y ubicado. Lo que sí es un hecho es que el costo tenderá a subir por la poca oferta y por la demanda que valoriza el producto “print-on-demand”. Los best sellers seguirán en su gloria.

¿Y qué hay con los libros digitales? Pues, sin duda, trae una grandiosa oportunidad para acercar a los más jóvenes a la lectura. Hoy en día, el celular es una prótesis de nuestra vida, ¿por qué no podría serlo un ebook?

Aquellos que añoramos los libros impresos, solemos sostener que no hay comparación con coger un libro de papel, apreciar la textura, percibir el olor, subrayar frases, doblar las hojas, etc. Sin embargo, olvidamos que mañana muchos jovencitos atinarían a decirnos que no hay comparación al coger un iBook o Kindle, interactuar con su interface, percibir las formas y figuras de la hipertextualidad, las hipernarraciones son únicas y, sobre todo, a bajo precio.

Para terminar, les dejo la siguiente interrogante: ¿Qué sucederá con los archivos digitales en los años posteriores? Imaginemos que el 90% de libros que se leen en nuestro país se encuentra en formato digital. ¿En 100 o 200 años, podremos leer estos formatos? Existe, hoy en día, vieja información que no podrá ser leída por las computadoras del mañana.

Como lo señala Scolari: “Hoy podemos leer un papiro de hace 3000 años o un libro impreso por Gutenberg hace medio milenio pero no sabemos si podremos leer este post dentro de unos pocos años. Si el proyecto Gutenberg se dedicó a digitalizar libros en la primera época de la era digital, no descartemos que dentro de poco aparezcan contramovimientos analógicos que se dediquen a imprimir y archivar textos digitales para garantizar su conservación futura”. La idea sería tener un archivo no sólo digital sino también impreso, sin embargo, caeríamos, como al inicio, en el juego de la polarización de gusto y colores. Da para leer y pensar más.

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