26 de junio de 2010

DE LOS MEDIOS PERUANOS A LAS MEDIACIONES


En los últimos días ha surgido, nuevamente, el dilema acerca de la regulación de los medios de comunicación. El ex Alcalde de Lima y dueño de RBC Televisión, Ricardo Belmont, con el apoyo de su bancada, presentó un proyecto de Ley No. 3621-2009 a fin de incorporar el artículo 183° B al Código Penal, sancionando penalmente la publicación de exhibiciones obscenas y pornográficas. En definitiva, lo que buscaría el congresista sería el restablecimiento de un orden moral y de buenas costumbres el cual se estaría perdiendo gracias a la excesiva libertad de los medios de comunicación. Las portadas de los diarios "chichas", el excesivo lenguaje soez, así como contenidos cargados con altas dosis de sangre, violencia y pornografía, serían elementos necesarios para buscar una regulación que venga desde el Estado.

No voy a profundizar sobre los vacíos legales de esta propuesta porque no me corresponde hacerlo, además, muchos abogados y bloggers ya lo hicieron. Lo que si puedo es analizar, desde una perspectiva comunicológica, cómo esta idea de regulación de contenidos podría encauzarse a buen puerto o en mejores salidas. Esto permitiría dar una mejor perspectiva que fomente altos debates en las universidades, en lugar que hacer debates de poca monta sobre la etimología del vocablo "obsceno".

En primer lugar, es importante señalar que impulsar esta ley implica un total convencimiento acerca de la influencia de los medios en la sociedad. Es un error considerar el proceso de comunicación bajo una perspectiva unidireccional, siendo la comunicación un proceso de sistemas en interacción. Pensar que por el simple hecho de consumir contenidos de los medios de comunicación nuestras vidas se verán influenciadas de modo positivo y/o negativo es incoherente. Cualquier estudio serio, ya sea cualitativo o cuantitativo, debe considerar variables que exploren tanto el contexto cultural como el contexto social (mediaciones), de lo contrario, se cae en generalidades muy pobres. Recuérdese, cuando editores o productores de medios señalan que ellos generan contenidos sobre lo que la "gente quiere ver", es porque existe también una influencia por parte de la sociedad hacia ellos. ¿Cuál sería el punto intermedio entre la influencia de medios a ciudadanos y ciudadanos a medios? Pues básicamente los contextos de las mediaciones y el grado de interactividad entre usuarios e interfaces.

En segundo lugar, es correcto que Ricardo Belmont presente este tipo de iniciativas para regular el contenido denigrante de algunos medios de comunicación, sin embargo, al no presentar estudios serios de organizaciones especializadas en comunicación como la International Communication Association por ejemplo, deja en la nube muchos vacíos legales que podrían generar transgresiones a la libertad de opinión. Finalmente, soy consciente que hoy en día, en los medios de entretenimiento y periodísticos, no impera la normatividad de autoregulación. Muchos ejercen una libertad de información omitiendo las restricciones legales y éticas que equilibran su responsabilidad para con la ciudadanía. Es claro que en la interactividad con las interfaces existe un proceso cognitivo que facilita la interacción con el contenido y el lenguaje empleado. Por lo tanto, propongo la idea de considerar el diálogo y la interacción entre los interesados en estos temas: Partidos políticos, periodistas, productores, empresarios de televisión y miembros de instituciones civiles. Sólo el diálogo y el consenso podrá configurar mejores alcances a una norma necesaria. De lo contrario seguiremos entrampándonos en una fábrica de leyes superfluas, redundantes e inoperantes que nadie las hace cumplir. Salvo, por supuesto, mejor opinión.


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