20 de junio de 2010

LA NETOCRACIA NACIONAL. NACIÓN QUE NO TIENE FRONTERAS



Tomado de Boletín enlace Virtual Ed. Nº 9



Por Frank Casas Sulca

Cuando, a fines de 2006, la prestigiosa revista Times eligió a “you” (nosotros), como persona del año, no sólo no estaba repitiendo una frase trillada de especialistas en marketing o business; en realidad, lo que hacía era finalizar la ecuación en la economía posdigital. Si antes, en la economía clásica y neoclásica, el hombre luchaba por explotar el capital (K), a través del trabajo (L) y debía tener en cuenta los factores endógenos y los rendimientos decrecientes, ahora, en la economía posdigital, todo esto cambia, el capital infinito más el trabajo se vuelven al servicio del hombre. El hombre, que es prosumidor, vuelve al centro del universo.


Por supuesto que todos estos cambios son posibles gracias a los beneficios de factores endógenos como las tecnologías de la información y la comunicación. Justamente, son las TIC las que han abierto el abanico de posibilidades para desequilibrar la rigidez de la economía industrial. El hombre produce y consume para él y para una comunidad que tiene sus preferencias. Traduce, ayuda, comparte y colabora. Esta comunidad denetócratas es la que hace y deshace en la red de redes.

Es verdad que se pueden tejer analogías de representación que pueden no ser muy elocuentes científicamente, pero es muy claro que en la red se han formado –y continúan formándose– comunidades de geeks con una alta actividad en producción y consumo de información digitalizada. Probablemente, esto siempre ha ocurrido, las empresas de la economía industrializada pueden señalar que siempre se han preocupado por su consumidor; sin embargo, no es igual, ya que ahora es la “nación netocrática” quien analiza y juzga las prácticas corporativas de las empresas del posdigitalismo. El monopolio meritocrático de Google Inc., Facebook, Craigslist, es un ejemplo de lo que afirmo.

Es verdad, todo cambio produce miedo. La actividad del productor y del consumidor ha venido cambiando desde la economía mercantil, agrícola, colonial, industrial y posindustrial; pero estos cambios han mantenido una sola lógica: la verticalidad top-down. En la economía posdigital, lo que impera es una verticalidad inversa, es decir, del bottom-up, “de abajo hacia arriba”. Todo nace en la cultura netocrática.

Sin embargo, los intermediarios desaparecen, no hay lugar para ellos a menos que innoven. Los no innovadores se quejan y denuncian a los geeks como piratas y delincuentes, quieren impedir a toda costa la distribución libre, pero se olvidan de que la información es abundante.

La economía posdigital trasciende en las aptitudes y carreras profesionales. La flexibilidad es un elemento básico en el aprendizaje y la práctica. Las universidades dejarán de controlar el centro del conocimiento. Las comunidades virtuales serán el campo de libre acceso para la cultura (entretenimiento) y el conocimiento. El contrato a largo plazo se desvanece por un profesional de proyectos, los conocimientos aprendidos se encuentran en versión beta. La lealtad corporativa se construirá a fuerza de repartir acciones entre los empleados. Esto es algo que los no innovadores no comprenden. Hoy más que nunca, la comunicación es poder.

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