20 de junio de 2010

REGULANDO IDEAS EN LA ECONOMÍA DEL POSDIGITALISMO



Por Frank Casas Sulca

Internet nació y se desarrolló bajo un largo proceso en la tasa de equilibrio de innovación. Se inició como un proyecto netamente militar, por ende, gubernamental, y luego fue explotada como un servicio de índole privado. Debido a este planteamiento, surgen conjeturas sobre el papel de los Estados de vigilar y regular las actividades comerciales que se realizan a través de este medio. Las empresas privadas no aceptan este planteamiento. La pregunta es ¿cómo controlar un mercado que nació para ser libre?


En la edición Nº 8 del boletín Enlace Virtual, mencioné cómo Google venía aprovechándose de su posicionamiento en los usuarios para obtener un reconocimiento que traspase fronteras, e influir en decisiones gubernamentales en defensa de la libertad de información, y de paso, la rentabilidad de su negocio. Así mismo, me había planteado el cuestionamiento acerca de por qué la decisión soberana de China de echar a Google de su territorio había causado tanta crítica en la opinión pública, si, después de todo, nos guste o no, tiene todo el derecho de hacerlo.

Sin embargo, a un nivel macro, la salida de esta disyuntiva debiera englobar y considerar marcos jurídicos regulatorios a la poste con un entendimiento de la nueva generación de producción y consumo de información por parte de los usuarios, es decir, la comprensión de la economía del posdigitalismo (prefiero mencionarlo así, en lugar de economía digital, economía del conocimiento o nueva economía).

Históricamente, está comprobado que el desarrollo económico y el crecimiento de la economía ha venido de la mano con una fuerte economía nacionalista de industrialización. Inglaterra y Estados Unidos, países caracterizados por la práctica de una economía de libre mercado, en su momento, desarrollaron una economía de protección nacional. Alemania y Francia también son otros países que se incluyen en la lista. Igualmente, también está comprobado que la autorregulación del libre mercado no ha funcionado en muchos casos. Ha ocasionado grandes crisis en los países industrializados, ergo, una compulsión en los países en desarrollo. Al final de la catástrofe, quien termina respondiendo por las anomalías empresariales es el mismo Estado.

Definitivamente, el papel del Estado es importante para el desarrollo y la regulación de los mercados. La cuestión es que hay momentos en que el mercado no debe ser trasgredido por influencias políticas donde, bajo la apariencia de “control”, se esconden actividades ilícitas de corrupción ¿Cuándo y en qué industria un país debe regular? Eso dependerá de las circunstancias y la coyuntura de cada país. Pero en el caso de Internet, que hoy en día traspasa las barreras estatales de territorialidad, y se inmola por casi todo el mundo, la cosa cambia: ¿quién regula ahí?

La idea sería plantear un marco jurídico especializado e internacional que regule, mediante normas homogéneas, las actividades que se realizan en la plataforma virtual. Pero estas normas deben ser conscientes de dos cosas muy importantes: a) la realidad social en la economía del posdigitalismo, y b) el marco jurídico internacional no debe trasgredir la autonomía y soberanía de los países. Ambas cosas no se han realizado de la manera correcta.

Cuando se escucha que asociaciones civiles, influenciadas por entes privados, vilipendian y acusan de delincuentes “piratas” a quienes comparten y producen información vía Internet sin ánimo de lucro, no hacen más que demostrar la total ignorancia sobre este contexto económico, y su pesadez para producir innovación. El segundo caso también es preocupante, ya que es muy complicado consensuar marcos jurídicos homogéneos entre países altamente ideologizados, como es el caso de China, quien, ejerciendo autonomía, sacó del juego a Google.

Es complicado saber, a ciencia cierta, cuál será el futuro de estas complejidades comerciales y sociales, sin embargo, una postura más realista sería la de augurar el fin de los actores intermediarios del mercado. Ellos sí tienen un futuro negro a causa de su pobre desempeño en crear estrategias de mercado. Sobre los extremistas reguladores y los soñadores de “la mano invisible”, los segundos tienen más posibilidades de crecimiento sin desarrollo. El más perjudicado, aunque parezca una paradoja, y aunque él mismo no se la crea, será, como siempre, el usuario.

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