14 de agosto de 2011

Hey, Estado, Leave the kids alone!


No soy hincha de Prensky, ni de Tapscott, aunque reconozco sus aportes por colocar en agenda la orientación de "los nativos digitales" como agentes propulsores de un nuevo paradigma que tiene a las TIC y al cambio económico como base para esta emergente superestructura.

De los nativos digitales se hablado mucho y se seguirá hablando, sin embargo siento que la orientación de la discusión no ha creado la suficiente fuerza para reconocer la invisibilidad de su aporte. Me explico, por un lado los académicos suelen estigmatizar las premisas teóricas gringas que no pertenecen a un templo comunitario del saber y que más parecen provenir de algún cluster fast food de hacer negocios. Y en la otra orilla, se encuentran los autodenominados "gurúes" que tienen una enorme capacidad para "generalizar" teorías y predecir el futuro (de su business). En fin, todo bien y respetable, no obstante más allá de esta discusión bizantina creo que estamos omitiendo un sentido emergente que fluye de estos sistemas multiagentes que algunos llaman nativos digitales. Todo bien con la economía y las TIC, pero creo que estamos dejando de lado al sentido que configura a estos dos sistemas: el conocimiento. ¿Qué es el conocimiento hoy? ¿Hacia dónde se dirige? ¿Cómo el hombre está adquiriendo el conocimiento?

El conocimiento invisible e informal está tomando más protagonismo que antes. Si bien el statu quo nos sigue imponiendo su derecho único para emitir el conocimiento como una gracia celestial del padre, del profesor, de la institución y del Estado; hoy las constantes luchas compulsivas nos indican que el conocimiento invisible se está haciendo presente en la mesa de debate, desorientando a quienes anteriormente se situaban en la cúspide de la estructura del poder coercitivo y económico. Muchos hombres se están dando cuenta que las habilidades, competencias y destrezas necesarias para vivir ya no sólo lo adquieren en un cluster de cuatro paredes con pizarra al frente. Ahora, valoran mucho más aquel conocimiento que lo aprenden en la vida cotidiana y en sus relaciones sociales. De hecho, este aprendizaje significativo e invisible se ve facilitado con las nuevas formas de producir y consumir información y haciendo uso de las nuevas tecnologías. El poder, como lo dijo Castells, y antes Luhmann, y antes Habermas, y mucho antes McLuhan está en la comunicación.

Como vemos, el debate se enriquece cuando pensamos más en algo abstracto como el conocimiento pero reconocible en el actuar de los que algunos denominan nativos digitales. Por supuesto, políticos, tecnócratas, padres de familia y directores de escuelas se seguirán rascando las vestiduras. Es parte de aprender.


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